Luc Besson nos plantea en su film Leon : El profesional la infancia tal y como es, en su plena inocencia e ingenuidad, pero también nos muestra ese pequeño lado adulto presente en el corazón de cualquier niño. En todo caso, esta película constituye una visión diferente sobre la niñez, que varía mucho en comparación con el resto de la filmografía que trata sobre el tema. El cineasta francés aborda este asunto de una forma muy sutil, haciendo que constituya una subtrama tan fuerte como lo es la trama principal.
Tras presenciar la muerte de todos sus familiares, Mathilda se esconde en casa de su vecino Leon, un asesino a sueldo profesional con un carácter muy particular. En algún momento del film, la protagonista decide dar el gran golpe y se presenta en el Edificio Federal de la Policía de Nueva York armada hasta los dientes con la firme intención de matar a Norman Stansfield y todo su escuadrón (los asesinos de su familia), obviamente le sale mal la jugada, pero esta es la forma en la que Besson nos muestra esta inocencia inherente al niño. Otro aspecto de esta inocencia es la sinceridad plena, decir las cosas sin tapujos, y esto se ve cuando Mathilda muestra sus sentimientos hacia Leon, sin tener en cuenta la diferencia de edad ni cualquier otro obstáculo; y aquí tenemos otro rasgo de la infancia derivado de esta sinceridad, el afecto es puro y no atiende a barreras inventadas por los “adultos”, las emociones y sentimientos son como son, sin nada de maquillaje. Tirando de este hilo encontramos en Leon : El profesional el deseo de venganza, tan puro como la inocencia de un niño, que alcanza su cenit con el intento de asalto al Edificio Federal antes mencionado. Y para el lado adulto que mencioné en el primer párrafo tenemos de ejemplo el amor que siente la protagonista hacia Leon, ese tipo de amor que sienten los adultos, ese deseo casi sexual, pero todo ello dotado de aquella pureza propia de un niño.
Con este film aprendemos que a pesar de todo un niño nunca deja de ser un niño, y su corazón siempre tiene lugar para una segunda oportunidad, siempre tendrá la capacidad de ver el lado bueno de la cosas. Y Luc Besson nos muestra esto a través de la encantadora Mathilda: una niña que fuma, que ve cómo asesinan a su familia, que maneja armas, que vive con un sicario, etc; y a pesar de todo esto cabe una segunda oportunidad en su aún corta vida. De esta forma Besson nos brinda la mejor acepción sobre qué es la infancia.
Publicado originalmente en la Revista Potemkin (número 3), 17 de julio de 2015.
Es mágico ver después de leer, porque cuando ya has leído ya conoces a los personajes, sabes que va a pasar y en que sitios va a suceder la historia; pero todo está dentro de la imaginación. Al ver la adaptación cinematográfica la magia se cumple, vemos a los protagonistas cobrar aún más vida de la que tenían, los escenarios son aún más reales y la narración se nos hace más verídica. En 1949 aparece una película que posiblemente sea la aportación más importante del cine británico, ésta se titula El tercer hombre, basada en una novela homónima que nació con intención cinematográfica.
La idea surgió de Alexander Korda, el productor principal, que tenía el objetivo de realizar una película ambientada en la Viena ocupada por las potencias aliadas tras la derrota del Nazismo. Éste encargó a Graham Green la escritura de un guión con esta característica y este último junto con Carol Reed dieron vida a El tercer hombre. Green necesitó escribir primero la novela y después el guión ya que le era más cómodo hacerlo de esta forma; siempre afirmó que el film era superior a la obra escrita.
Volviendo a lo que estaba contando en las primeras líneas, en este caso el mago se llama Carol Reed, su hechizo no hubiese sido el mismo sin la participación de un potente equipo que le secunda. A parte de este que es director, co-productor y co-guionista; tenemos a Alexander Korda, productor principal e impulsor del proyecto; Anton Karas compositor de la música del film, con su característica citara; Robert Krasker que brinda a esta obra una fotografía con un peso narrativo deslumbrante, dando a esa Viena de la posguerra un aire solitario y lúgubre; y por supuesto Graham Green, guionista y autor de la novela homónima. Para rematar tenemos un brillante elenco artístico con actores como Joseph Cotten, Alida Valli, Orson Welles y Trevor Howard entre otros.
La ambición por encima de todo, este es el tema principal del film. Es bien sabido que en periodos difíciles como lo son la guerra o la posguerra aflora el mercado negro y estraperlo, es vital para sobrevivir; pero de allí a adulterar artículos de primera necesidad con el único fin de lucrarse y hacerse rico sin importar las graves consecuencias en la salud humana, eso es propio de la mezquindad y ambición extrema. Reed presenta esta historia como un puzzle, un misterio que hay que resolver, para ello crea una tensión que va apareciendo in crescendo para establecerse de forma definitiva en casi toda la segunda mitad del film.
Volviendo a la llave que abrió este pequeño análisis, en mi caso, fue tal y como lo he descrito. Vi la película hace un par de años, pero por sepultamiento se me fueron olvidando los personajes y la historia, salvo la Viena ocupada, la Noria del Prater y por supuesto, Orson Welles. Para preparar este texto que tienen delante, tuve que leer la novela y luego volver a visionar el film. Sinceramente, no me pareció un libro espectacular, es muy entretenido pero nada más allá de lo correcto, pero hay que tener en cuenta que se escribió para después ser transformado en guión, por lo que sólo fue una herramienta. Pero al ver de nuevo la obra de Reed sentí mucho entusiasmo al ponerle cara a los personajes y lugares; lo asombroso es que la película mantiene todos los aspectos positivos de la novela más todos los elementos propios del lenguaje cinematográfico ejercidos con un talento indiscutible, lo cual hace que tengamos un relato doblemente reforzado y en consecuencia de esto, una obra maestra.
A nivel formal la película es una joya. La música de Anton Karas que acompaña casi la totalidad del film dota a este de una luz que contrasta con la oscuridad que brinda la fotografía, hablando en sentido metafórico claro está. Siendo sincero, en varios momentos del film la música no me pegaba con la escena o la secuencia que estaba viendo; puede que esto se deba a nuestra cultura audiovisual, donde la música y los sonidos fílmicos están muy estigmatizados, pero esto no significa que el uso de esas melodías en esos momentos precisos de la película sean incorrectos. Desplazándonos al ámbito de la cámara y la planificación, se usa con mucha frecuencia planos aberrados, lo cual no es muy usual, esto dota de originalidad y refuerzo a la narrativa de El tercer hombre; los travellings unidos a este tipo de plano crean un efecto asombroso y estéticamente atractivo. De la fotografía quiero resaltar el magnífico uso del claroscuro y las sombras, las persecuciones por la Viena en ruinas y sus cloacas no serían lo mismo si fuesen iluminadas de otra manera; las sombras de tamaño variable que son proyectadas en los edificios mientras los personajes están fuera de cuadro, esa enorme sombra del anciano vendedor de globos, etc., hacen que este film tenga bien merecido su Oscar a la mejor fotografía; no es en vano que esta obra de Carol Reed sea uno de los grandes representantes del cine negro, no sólo por la fotografía claro está. El montaje es otro aspecto que no pasa desapercibido, en casi toda la película es bastante correcto sin apenas nada que destacar; en la parte final de las cloacas, la gran tensión que se mantiene está muy reforzada por el montaje, donde en ciertos momentos hay más cortes que segundos.
Al estar preparando este texto me di cuenta que, en este 2015 coincidían varias fechas importantes que tienen una relación directa con El tercer hombre; por una parte, es el 70 aniversario del fin de la devastadora Segunda Guerra Mundial, el 60 aniversario del fin de la ocupación de Austria por parte de las fuerzas aliadas, y el centenario del nacimiento de Orson Welles. Así que me parece una buena ocasión para que leen y visionen esta magnífica obra y sientan en primera persona ese mágico viaje a través del lenguaje literario y cinematográfico, que aunque compartan varios puntos en común, las diferencias que les separan les hacen únicos y bellos a su manera.
Después de un largo día de ayuno, nada mejor que una sesión fotográfica para combatir las últimas horas antes del desayuno. Tras varios meses sin visitar Rabat, mi ciudad natal, volvía a ella con muchas ganas y una gran sonrisa, reencontrándome con esa paz interior y tranquilidad que me brinda, todo esto acompañado con la presencia de buenos y viejos amigos.
Había acabado de dar un paseo y justo cuando me iba a ir a casa para echarme una siesta antes de la ruptura del ayuno, me encontré a los chavales del barrio jugando un partido de fútbol, y como iba acompañado de mi cámara de fotos decidí unirme a ellos, sólo que lo hice a mi manera, inmortalizando el momento 😉
Publicado originalmente en la Revista Potemkin (número 1), 25 de junio de 2015. Entrevista de Natalia Molina; fotografías de Saâd Jebbour.
Javier Ocaña es crítico de cine del diario EL PAÍS, labor que ejerce ininterrumpidamente desde el año 2003. Además, es colaborador de las revistas CINEMANÍA, Actúa y Gentleman y del programa televisivo de Canal Plus Tentaciones. Actualmente, ejerce como profesor de Cine en la Junta de Colegios Mayores Universitarios de Madrid y en la Cátedra de Cine de Valladolid.
¿Cuáles son tus primeros recuerdos sobre cine y cómo es el proceso desde que dejas de ser un cinéfilo más a dedicarte a ello profesionalmente?
Ufff son largas las dos. Yo soy de Martos, un pueblo de Jaén; grande pero pueblo. Recuerdo que cuando era pequeño había dos cines, ahora no hay ninguno. Eran los clásicos cines de ciudad pequeña. Yo iba con mis hermanos más que con mis padres, porque trabajaban todo el tiempo. Recuerdo también el cine de verano, que tenía mucho encanto: era el típico andaluz, con olor a jazmín, con patatas, pipas y Coca Cola. Después de eso, siempre fui un niño muy de videoclub. Cuando mis padres se compraron un vídeo Betamax yo debía tener unos 10 años, un momento perfecto para empezar. Me alimenté mucho de esas pelis VHS, porque las que llegaban al cine eran pocas y además con mucho retraso. Esos son mis primeros recuerdos. El paso hasta decir “esto es lo mío” no fue consciente. Siempre digo que a lo mejor las nuevas generaciones sí se lo plantean, pero en la mía yo creo que nadie quería ser crítico de cine, sino que las circunstancias te iban guiando hacia ello. A mí me fueron llevando a través de una serie de giros vitales. Yo terminé COU y después me licencié en Derecho, pero durante toda la carrera en Granada seguí viendo todo el cine que pude. No porque pensara “yo quiero dedicarme a esto”, ni mucho menos, nunca lo pensé. De hecho, cuando empecé a comprar Fotogramas y a leer crítica de cine, a la edad de 12 o 13 años, nunca pensé: esta gente que escribe aquí se paga la hipoteca de su casa y el colegio de los niños con lo que gana. Nunca establecí ese paralelismo. Como seguía viendo mucho cine y leyendo mucho, cuando terminé Derecho pensé que lo que había que hacer era dar un giro y que lo que quería era ser periodista. Entonces intenté entrar en el máster de EL PAÍS y al final lo conseguí. Éramos 40 y en la clase había mejores periodistas y mejores escritores, también peores imagino, pero yo no era de los que destacaba. Sin embargo, sí destacaba por una cosa, era el que más sabía de cine. Así que mis profesores me dieron una beca de trabajo en CINEMANÍA, revista en la que entré en enero del ‘97 y salí en 2006. El primer mes ya estaba escribiendo críticas. Así sucedió.
Tengo la percepción de que en el imaginario colectivo se piensa en un crítico (no sólo de cine, sino también literario, de teatro o cualquier otra especialidad artística) como
un tipo solitario, pedante, sabelotodo, gafapasta, con libro de Kafka en la mano. No sé qué piensas de ese Sambenito y qué opinión te merece este dicho sobre vuestra profesión: “opinan de cine porque no saben o no pueden hacer cine” ¿te has planteado alguna vez ser tú el artífice?
Lo que dices es cierto en algún sentido en según qué gente. Pueden ser seres solitarios, que fueron ratas de biblioteca o de videoclub. También se nos dice que tenemos problemas para relacionarnos con los demás, en mi caso creo que no es así. Soy una persona como otra cualquiera, con familia e hijos. Disfruto leyendo y puedo ir con mi libro de Kafka en la mano (risas), pero eso no quita que me guste la música, el arte, el deporte y estar al día de lo que pasa en el mundo, me encanta la política por ejemplo.
Respecto a si somos artistas frustrados y no hemos podido ser directores y por eso somos críticos de cine: no quise ser crítico de cine y tampoco quise ser director. Hice algunos cortometrajes con amigos que sí querían y que han terminado haciendo cine y televisión. En la infancia éramos 3 o 4 amigos y ellos sí estudiaron Imagen y Sonido. Yo de momento tampoco estoy interesado, estoy contento con lo que hago. Lo más parecido que he hecho es el guion de un pequeño documental sobre Buster Keaton que me encargaron en Canal Plus, pero es un trabajo más periodístico.
Yo tengo una manía. No suelo ver más de una o dos veces mis películas favoritas porque tengo miedo a sacarles defectos. Las idealizo y no quiero bajar de esa nube. Sin embargo, con otras me pasa que a mayor número de visionados, más lecturas y subtextos he podido sacar y han terminado encantándome ¿qué película amaste al principio y ahora detestas y qué película te ha ido ganando con el tiempo?
Yo creo que cambios así tan radicales no he tenido. Sí recuerdo algunas que en mi juventud he visto muchas veces y que ahora soy consciente de que no eran gran cosa, pero eso va un poco con la edad. No he sido de gustos radicales. La peli que más he visto ha sido La cosa de John Carpenter y aunque hace muchos años que la vi por última vez, si la viera ahora me sabría diálogos de memoria. Pero no hay una que me encantara y que ahora me parezca una mierda. En el caso contrario, sí que hay una categoría muy clara, y es que hay determinadas películas y determinados directores que al principio cuestan. Es el caso de Bergman o Antonioni. Cuando vi El séptimo sello no había empezado la universidad, tenía 17 años. Me gustó. Pero luego vi El manantial de la doncella y me costó algo más. Después Fresas salvajes y no la entendí del todo ¿por qué? Pues porque para ver a Bergman hay que tener una madurez que yo no tenía. Hay directores que no serán lo mismo a los 18 que a los 28 que a los 38 y no serán lo mismo a los 48. Eso sí que me ha ocurrido.
A la hora de abordar una crítica ¿abogas por un estilo más científico a lo Miguel Marías, más literario como Cabrera Infante o un híbrido entre ambos?
Yo no sé si tengo estilo. Sé que en ese sentido he sido autodidacta y he ido volcando lo que había leído anteriormente para transmitirle al lector lo que pensaba. Mis críticas son al mismo tiempo pasionales y muy analíticas. Yo soy muy cuadriculado, soy muy de letras pero excesivamente metódico y ordenado. Eso me lleva a que cuando escribo una crítica sé perfectamente cómo quiero empezar, cómo quiero terminar, qué quiero decir y en qué párrafo, y una vez tengo esa estructura vuelco todas las tripas. Intento hacer análisis formal y análisis de fondo con mi propio lenguaje, que es más periodístico que literario.
¿Pero hay alguno que te haya influido especialmente?
Yo creo que influido especialmente no, supongo que las lecturas de todos me han aportado cosas: Carlos Boyero, Ángel Fernández-Santos, Rodríguez Marchante, Carlos F. Heredero, Jordi Costa o Sergi Sánchez.
De tu compañero Jordi Costa iba a hablarte ahora. Él afirma que no hay largometrajes buenos o malos, sino que todas tienen aspectos destacables y otros mejorables ¿estás de acuerdo?
No exactamente así, pero sí en la mayoría de las ocasiones. A mí me fastidia mucho leer en los comentarios de los lectores debajo de las críticas “¿pero te ha gustado o no te ha gustado?” Pues es que las pelis la mayoría de las veces no es que te gusten mucho o no te gusten nada, son ni fu ni fa, hay cosas que elogiar y cosas que no. Si cuando lees una crítica no tienes muy claro si al autor le ha gustado o no, es que habrá aspectos mejores y peores. Pero hay películas que apasionan desde el principio y otras que no hay por dónde cogerlas.
Recuerdo que el año pasado revolucionaste Twitter cuando soltaste un spolier en la crítica de Séptimo de Patxi Amezcua que no sentó muy bien, aunque lo hiciste previo aviso. ¿Te arrepientes?
Es cierto que no puse “spoiler aquí” porque en un periódico serio no me parecía correcto, pero sí fui avisando a lo largo de la crítica. Me pareció una película impecable que tenía un gran pecado y según las “pegas” que yo le quería poner destriparla era la única forma de argumentarlo. Podría haber hecho una crítica más o menos superficial, en piloto automático, y escribir: “pero al final hay algo que no encaja” y no me hubiera creado tantos problemas. Dicho esto, sí creo que era también una crítica impecable con un gran pecado; con la experiencia que tengo tendría que haber pensado que estaba hecha para un mundo ideal. Esto es, tú avisas de una cosa y eso se cumple. Pero el mundo no es ideal. Hay gente que lee en diagonal, otra que va al último párrafo a ver lo que dice…Pero bueno, ahora que ha pasado el tiempo y lo observo todo con perspectiva, considero que fue una crítica muy valiente. Es algo que no se puede hacer.
¿Has tenido alguna otra anécdota de este tipo?
Con las críticas siempre hay anécdotas. He tenido algunas muy polémicas como Avatar, que venía con la parafernalia de la película que iba a cambiar el cine y años después se ha demostrado que no fue así. Yo lo dije en su momento en una crítica muy dura. He visto hace poco también que mi crítica de El Hobbit tenía ya como 80 o 90 comentarios, que solo pasa cuando hablas sobre producciones con un público muy apasionado, tanto que llega a ser fundamentalista. En esta última por ejemplo, unos han empezado a defenderme y otros a meterse conmigo hasta que han terminado peleándose entre ellos, lo cual prefiero (risas).
Cine español. Algunos de sus detractores defienden que lo que le falta al cine español es esencia, una identidad propia, como podía tener el cine de la Nouvelle Vague o el Tercer Cine en América Latina. ¿Tú piensas que el cine español no tiene identidad y que puede ser ese su talón de Aquiles, teniendo en cuenta que el cine español no es un género? ¿Qué le falta y qué destacarías?
Es que ese es el tema, como tú dices, el cine español no es un ente, sino una serie de producciones con directores y actores españoles más o menos financiadas en este país. ¿Que no tiene identidad? Bueno, yo creo que la ha tenido en buena parte de su historia. Hubo una época espléndida, durante la segunda mitad de la década de los ’60 y primeros años ’70, en la que confluyeron una serie de circunstancias que dieron el mejor cine de nuestra historia. Se trata de El nuevo cine español, conformado por jóvenes directores que venían de la Escuela Oficial de Cine como Martín Patino, Mario Camus, Carlos Saura y compañía, junto a las mejores películas de tres grandes autores que ya tenían carrera. Hablamos de Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem y Fernando Fernán Gómez. Eso, sumado a una cierta apertura política que burla la censura pero no lo suficiente como para que se pudiera explicitar, produce películas muy metafóricas, muy simbólicas y al mismo tiempo muy potentes.
Y ahora estamos viviendo un momento en el que se hacen para bien cosas muy distintas, con autores muy diferentes entre sí. Yo en estos momentos pienso en unos 20 o 25 directores de los que me apetece ver su siguiente película, y eso no es poco en un país. Desde autores muy consagrados comercialmente, como Almodóvar, Juan Antonio Bayona o Amenábar, a autores nuevos que están aportando cosas muy auténticas y muy cercanas al cine de vanguardia como Carlos Vermut. Creo que el cine español ahora mismo no es mejor ni peor que el que se hace en los países de nuestro entorno. En Italia, por ejemplo, puede que haya 3 o 4 grandes nombres que pueden ser mejores que los 3 o 4 grandes nombres que hay aquí, pero el panorama que viene inmediatamente después me parece peor que el de España. Se está haciendo un cine digno y semejante al que se puede hacer, salvando las distancias, en Francia, Alemania, Italia o Reino Unido. EEUU evidentemente va aparte, pero porque la producción es mucho mayor.
Hablemos del mito de la guerra civil. Desde el año 2008, apenas un 2% de las producciones españolas tratan sobre la guerra civil, desde 2000 a 2008 la media no supera el 5%. Sin embargo, se dice que la cantidad de pelis sobre esta temática es abrumadora y además causan cierto rechazo. Aun así, es curioso que aunque en general no sean muy bien recibidas, algunas hayan cosechado grandes éxitos como El laberinto del fauno (hecha por un extranjero, manda narices) ¿crees que a lo mejor es un problema de enfoque?
Como bien dices, la supuesta superproducción de largos sobre la guerra civil es un cliché absolutamente absurdo. Respecto al enfoque, si haces una película sobre la guerra civil maniquea, de buenos y malos, probablemente cause rechazo porque las guerras no son maniqueas. Por tanto, aunque es evidente que hubo una república democrática y un levantamiento absolutamente ilegal eso no quita que se hayan hecho demasiadas películas en las que cuando sale alguien del bando franquista, debe ser hijo de puta, malo, feo y comerse a los niños crudos. Ellos fueron el bando ilegal y los que causaron el inicio de la guerra, sí. Pero en el cine las cosas blancas y negras funcionan mal. Se han hecho películas más interesantes y menos interesantes sobre este tema. Dicho esto, me parece importante que miremos nuestra historia y que hagamos películas sobre lo que nos ha pasado recientemente. No creo que en EEUU piensen que se han hecho demasiadas películas sobre la guerra de Vietnam, o sobre la II Guerra Mundial, o en Alemania sobre el nazismo o sobre el comunismo del territorio Oriental. Es nuestra historia y es normal que la gente reflexione sobre ello. No hay películas sobre la guerra civil, hay películas buenas y películas malas, ya está.
Parece que últimamente todos los films y producciones artísticas en general que tienen la etiqueta indie gozan de una legitimidad casi incuestionable (aunque ya menos). Tengo la sensación de que a través de este filtro se cuelan muchos bodrios, películas que van de profundas y acaban siendo excéntricas y esnobs, ¿qué directores independientes merecen realmente tu atención?
Estoy de acuerdo con esa afirmación, aunque creo que cada vez menos como dices. A mí los directores que más me gustan son aquellos que son independientes dentro de Hollywood; ese es el gran reto. Películas como la que he visto esta mañana por ejemplo: Birdman de Alejandro González Iñárritu. Tiene capital americano, está dirigida por un mexicano, hecha por Fox Searchlight, la vertiente indie de una de las grandes majors de Hollywood, la Fox. Ellos ponen la pasta y la distribuyen y gracias a eso Iñárritu no habrá tenido ningún tipo de cortapisa para hacer lo que le dé la gana, porque además la película no puede ser más loca, buena, compleja, trascendente y difícil, pero maravillosa y magnífica. A mí me gusta ese cine, el que hace Paul Thomas Anderson, David Fincher o Quentin Tarantino. Son gente absolutamente independiente financiada por Hollywood. Eso es lo que más me interesa. Y en Europa todos los que están haciendo buen cine también son independientes. Cuando digo
independientes me refiero a su creatividad. Me interesa la independencia en el sentido creativo, en el financiero me da un poco igual, sinceramente. Por supuesto, también hay pelis baratitas filmadas por productoras indies que merecen mucho la pena. Algunas están muy bien, pero hay otras que son el cliché de siempre y no aportan nada.
El editorial de este número girará en torno al Cine dentro del cine ¿con qué película de este subgénero te quedas?
Pues es difícil, porque hay muy buenas películas del cine dentro del cine. Si me tengo que quedar con una, elijo la más difícil de todas y con la que más he podido cambiar mi opinión desde la primera vez que la vi, y vuelvo a tu primera pregunta. Es 8 y medio de Fellini. La primera vez que la vi era muy joven y me enteré de muy poco, me fascinaban algunas imágenes y en general no me apasionó, pero ahora me encanta. Me parece una película complejísima, inabarcable en todos los sentidos, la gran obra de un grandísimo director. No es la única, hay grandísimas películas desde El Juego de Hollywood de Robert Altman a Cautivos del Mal de Vincente Minnelli.
Aquí y ahora
La película de 2014: Boyhood de Richard Linklater
La mejor que has visto últimamente: Birdman de González Iñárritu
Qué cineasta vivo es tu debilidad: Paul Thomas Anderson
Publicado originalmente en la Revista Potemkin (número 2), 25 de junio de 2015.
Por desgracia no he podido asistir a todas las jornadas, pero tuve el tiempo suficiente para aclimatarme en ese ecosistema nutritivo que es un evento de este tipo. Este festival se caracteriza por representar a buena parte del cine que se crea en la zona mediterránea, tanto ficción como documental, largometrajes como cortometrajes; diversos países encuentran su lugar: España, Turquía, Grecia, Túnez o Marruecos -país anfitrión-, entre otros. Mis mañanas comenzaban con coloquios y ponencias en la Casa de la Cultura de Tétouan; las tardes y noches estaban protagonizadas por las numerosas proyecciones que se realizaban en el majestuoso Cine Avenida y la elegante Sala Español; y ya bien entrada la noche, casi de madrugada, redactaba mis memorias del día. Las jornadas eran largas y productivas, y en más de una ocasión el café fue necesario.
Día 1: Martes 31 de Marzo
Acabo de ver la película Petits bonheurs (Pequeños placeres, 2015) del director marroquí Mohamed Chrif Tribak; hemos tenido la suerte de ser los primeros en verla ya que hace una semana se encontraba todavía en el laboratorio. El film se proyectó en el cine Avenida, y la acogida fue efusiva. Para su estreno acudieron el director y gran parte del equipo técnico y artístico, todos ovacionados por el público. Petits bonheurs es una historia costumbrista ambientada en la misma ciudad de Tétouan durante la década de los cincuenta, cuenta las idas y venidas de dos chicas adolescentes casi rozando la edad adulta con sus amoríos, promesas nupciales y desencuentros; todo esto narrado a través de un original hilo conductor que no es más que una mujer cantando con una orquesta marroquí detrás, apareciendo en varios momentos del film.
Lo realmente molesto fue el público, que me dejó sensaciones negativas. Que estuviesen las luces de la sala apagadas y la película en marcha no fue motivo para callar algunas voces, los flashazos a la pantalla eran frecuentes a lo largo de la sesión, había restos de pipas de girasol en el suelo, etc. No intento oscurecer la proyección pero al público le hizo falta actitud.
Volviendo al film, he de decir que es una producción que está a la altura del mercado cinematográfico europeo. Estuve muy atento a aspectos como la fotografía y el montaje que destacaron para mí. La dirección de actores fue la pata que cojea con algunas reacciones de los personajes que resultan poco creíbles. La dirección de arte me impresionó, por transmitir correctamente el ambiente de la época, aquí incluyo también el vestuario. Otra pata que cojea es la del maquillaje, por su divorcio estético con la iluminación.
Petits bonheurs me deja un buen sabor de boca, pero es un film correcto que apenas sobresale de la media; eso sí, como marroquí me siento orgulloso de que se haga cine de esta factura. Recomiendo la película de Tribak, no sólo porque el film merece ser visto, sino porque es muestra de que hay cine aparte del de los principales mercados, sobretodo Hollywood y Europa Occidental; que hay gente esforzándose en hacer buenas piezas más allá de esas fronteras y se merecen que sus sueños sean vistos en la gran pantalla.
Día 2: Miércoles 1 de Abril
Un festival me recuerda a un campamento de verano, una experiencia que se extiende a lo largo del día y cada día mientras dure; tener la oportunidad de participar en el de la ciudad mediterránea de Tétouan es todo un privilegio. Hoy fue la quinta jornada y mi segundo día en el evento; la mañana comenzó con un coloquio sobre cine y medios audiovisuales con ponentes procedentes Argelia, Francia, Marruecos y España. Trataron varios temas, entre ellos si el cine ha llegado a su fin, otros más optimistas dijeron todo lo contrario, y si la televisión beneficia o no al cine, etc. En todo caso durante más de tres horas se debatieron varias ideas sobre la situación actual del cine. El público estuvo muy activo en el turno de ruegos y preguntas, entre ellos participó el cineasta marroquí Daoud Oulad Sayyad y el director italiano Mario Brenta entre otros. Lo más bonito fue que las ponencias se dieron en español y francés, teniendo detrás de los bastidores a un buen traductor haciendo que el mensaje llegue a todo el mundo.
En la tarde asistí a la proyección del film italiano Il Giovane favoloso (2014) de Mario Martone en el Cine Avenida, biopic sobre el gran poeta Giacomo Leopardi. Curiosamente la sala estaba vacía lo cual garantizó un visionado tranquilo, pero la película se proyectó en su versión original y sin subtítulos, lo que entorpeció el disfrute de la película, aún así fue agradable la sesión. Seguidamente se llevó acabo la proyección del primer programa de cortos, de los cuales sólo pude ver tres. Los cortometrajes eran: Printemps hivernal (Primavera invernal, 2014) del director egipcio Mohamed Kamel; Frontières (Fronteras, 2014) de Claire Cahen y Ali Esmili, producción francomarroquí y; Stella Maris (2014) del italiano Giacomo Abbruzzese; los tres de alto nivel, siendo el último el que más me gustó.
Casi entrada la noche me presenté en el Cine Español para ver la película marroquí Tarfaya (2004) de Daoud Oulad Sayyad, programada en homenaje al fallecido actor marroquí Mohamed Bestaoui. La sala del Cine Español es majestuosa, con la huella del antiguo protectorado español bien impresa en ella, me trajo ecos de la Sala 1 del Cine Doré de Madrid. Tarfaya es una buena película que tampoco destaca mucho sobre el resto, más bien podríamos definirla como bastante “normal”. Lo más curioso era ver en aquellos días al director de la misma deambulando en casi todos los espacios del festival.
Día 3: Jueves 2 de Abril
Por unos días formas parte de una gran familia, siempre ves a los mismos fotógrafos, cineastas, ponentes, trabajadores, espacios, etc. La ciudad se convierte en el centro de la cultura cinematográfica del mediterráneo; en la urbe se respira un aire especial, asistentes o no al festival la gente en la calle se mueve consciente del privilegio que supone estar en Tétouan. Y es que los festivales tienen algo mágico que no sabría expresar en palabras, la mejor forma de saberlo es vivir la experiencia de navegar en esta corriente cultural que va en la misma dirección.
Acabo de despedirme del festival viendo la cinta La moitié du ciel (La mitad del cielo) de Abdelkader Lagtaâ, diciendo adiós a un evento realizado con toda la buena voluntad, que nos compartió el cine que gira alrededor de este mar que nos une a todos. Han sido días de contacto con un cine diferente, con aspiraciones e intenciones diferentes; y precisamente esto le da un valor añadido, alejado de toda la “industria”. Vine deseando conocer un cine nuevo (para mí) y me voy plenamente satisfecho, con ganas de seguir descubriendo artistas que luchan por hacerse oír, esos artistas escondidos en países como Argelia, Palestina, Italia o Marruecos, esos artistas que encuentran en festivales como el de Tétouan, el lugar idóneo para hacerse oír.
Me llevo una gran seguridad, y es que volveré el año que viene para seguir disfrutando de este oxígeno cinematográfico que embadurna la hermosa ciudad de Tétouan, la paloma blanca del norte, la paloma blanca del cine.
***
Desde Potemkin quiero agradecer a personas como Rachid Barhoun, Nourddine Bendriss, Abdelmounim ElAmrani, Mariam Jebbour, Nazha Najda, Said Jebbour y Fátima Cruz por haberme ofrecido la posibilidad de haber asistido a este evento, y sobre todo por hacer que lo haya vivido de tan bella forma y puramente cinematográfica; gracias a todos.