Un festival en la paloma blanca del norte

Cartel del 21.º Festival Internacional de Cine Mediterráneo de Tetuán (28 de marzo a 4 de abril de 2015): un dibujo infantil de una figura que sostiene una esfera dentro de una caja con rueda, con el texto en árabe y en francés.

Publicado originalmente en la Revista Potemkin (número 2), 25 de junio de 2015.

Por desgracia no he podido asistir a todas las jornadas, pero tuve el tiempo suficiente para aclimatarme en ese ecosistema nutritivo que es un evento de este tipo. Este festival se caracteriza por representar a buena parte del cine que se crea en la zona mediterránea, tanto ficción como documental, largometrajes como cortometrajes; diversos países encuentran su lugar: España, Turquía, Grecia, Túnez o Marruecos -país anfitrión-, entre otros. Mis mañanas comenzaban con coloquios y ponencias en la Casa de la Cultura de Tétouan; las tardes y noches estaban protagonizadas por las numerosas proyecciones que se realizaban en el majestuoso Cine Avenida y la elegante Sala Español; y ya bien entrada la noche, casi de madrugada, redactaba mis memorias del día. Las jornadas eran largas y productivas, y en más de una ocasión el café fue necesario.

Día 1: Martes 31 de Marzo

Acabo de ver la película Petits bonheurs (Pequeños placeres, 2015) del director marroquí Mohamed Chrif Tribak; hemos tenido la suerte de ser los primeros en verla ya que hace una semana se encontraba todavía en el laboratorio. El film se proyectó en el cine Avenida, y la acogida fue efusiva. Para su estreno acudieron el director y gran parte del equipo técnico y artístico, todos ovacionados por el público. Petits bonheurs es una historia costumbrista ambientada en la misma ciudad de Tétouan durante la década de los cincuenta, cuenta las idas y venidas de dos chicas adolescentes casi rozando la edad adulta con sus amoríos, promesas nupciales y desencuentros; todo esto narrado a través de un original hilo conductor que no es más que una mujer cantando con una orquesta marroquí detrás, apareciendo en varios momentos del film.

Lo realmente molesto fue el público, que me dejó sensaciones negativas. Que estuviesen las luces de la sala apagadas y la película en marcha no fue motivo para callar algunas voces, los flashazos a la pantalla eran frecuentes a lo largo de la sesión, había restos de pipas de girasol en el suelo, etc. No intento oscurecer la proyección pero al público le hizo falta actitud.

Volviendo al film, he de decir que es una producción que está a la altura del mercado cinematográfico europeo. Estuve muy atento a aspectos como la fotografía y el montaje que destacaron para mí. La dirección de actores fue la pata que cojea con algunas reacciones de los personajes que resultan poco creíbles. La dirección de arte me impresionó, por transmitir correctamente el ambiente de la época, aquí incluyo también el vestuario. Otra pata que cojea es la del maquillaje, por su divorcio estético con la iluminación.

Petits bonheurs me deja un buen sabor de boca, pero es un film correcto que apenas sobresale de la media; eso sí, como marroquí me siento orgulloso de que se haga cine de esta factura. Recomiendo la película de Tribak, no sólo porque el film merece ser visto, sino porque es muestra de que hay cine aparte del de los principales mercados, sobretodo Hollywood y Europa Occidental; que hay gente esforzándose en hacer buenas piezas más allá de esas fronteras y se merecen que sus sueños sean vistos en la gran pantalla.

Día 2: Miércoles 1 de Abril

Un festival me recuerda a un campamento de verano, una experiencia que se extiende a lo largo del día y cada día mientras dure; tener la oportunidad de participar en el de la ciudad mediterránea de Tétouan es todo un privilegio. Hoy fue la quinta jornada y mi segundo día en el evento; la mañana comenzó con un coloquio sobre cine y medios audiovisuales con ponentes procedentes Argelia, Francia, Marruecos y España. Trataron varios temas, entre ellos si el cine ha llegado a su fin, otros más optimistas dijeron todo lo contrario, y si la televisión beneficia o no al cine, etc. En todo caso durante más de tres horas se debatieron varias ideas sobre la situación actual del cine. El público estuvo muy activo en el turno de ruegos y preguntas, entre ellos participó el cineasta marroquí Daoud Oulad Sayyad y el director italiano Mario Brenta entre otros. Lo más bonito fue que las ponencias se dieron en español y francés, teniendo detrás de los bastidores a un buen traductor haciendo que el mensaje llegue a todo el mundo.

En la tarde asistí a la proyección del film italiano Il Giovane favoloso (2014) de Mario Martone en el Cine Avenida, biopic sobre el gran poeta Giacomo Leopardi. Curiosamente la sala estaba vacía lo cual garantizó un visionado tranquilo, pero la película se proyectó en su versión original y sin subtítulos, lo que entorpeció el disfrute de la película, aún así fue agradable la sesión. Seguidamente se llevó acabo la proyección del primer programa de cortos, de los cuales sólo pude ver tres. Los cortometrajes eran: Printemps hivernal (Primavera invernal, 2014) del director egipcio Mohamed Kamel; Frontières (Fronteras, 2014) de Claire Cahen y Ali Esmili, producción francomarroquí y; Stella Maris (2014) del italiano Giacomo Abbruzzese; los tres de alto nivel, siendo el último el que más me gustó.

Casi entrada la noche me presenté en el Cine Español para ver la película marroquí Tarfaya (2004) de Daoud Oulad Sayyad, programada en homenaje al fallecido actor marroquí Mohamed Bestaoui. La sala del Cine Español es majestuosa, con la huella del antiguo protectorado español bien impresa en ella, me trajo ecos de la Sala 1 del Cine Doré de Madrid. Tarfaya es una buena película que tampoco destaca mucho sobre el resto, más bien podríamos definirla como bastante “normal”. Lo más curioso era ver en aquellos días al director de la misma deambulando en casi todos los espacios del festival.

Día 3: Jueves 2 de Abril

Por unos días formas parte de una gran familia, siempre ves a los mismos fotógrafos, cineastas, ponentes, trabajadores, espacios, etc. La ciudad se convierte en el centro de la cultura cinematográfica del mediterráneo; en la urbe se respira un aire especial, asistentes o no al festival la gente en la calle se mueve consciente del privilegio que supone estar en Tétouan. Y es que los festivales tienen algo mágico que no sabría expresar en palabras, la mejor forma de saberlo es vivir la experiencia de navegar en esta corriente cultural que va en la misma dirección.

Acabo de despedirme del festival viendo la cinta La moitié du ciel (La mitad del cielo) de Abdelkader Lagtaâ, diciendo adiós a un evento realizado con toda la buena voluntad, que nos compartió el cine que gira alrededor de este mar que nos une a todos. Han sido días de contacto con un cine diferente, con aspiraciones e intenciones diferentes; y precisamente esto le da un valor añadido, alejado de toda la “industria”. Vine deseando conocer un cine nuevo (para mí) y me voy plenamente satisfecho, con ganas de seguir descubriendo artistas que luchan por hacerse oír, esos artistas escondidos en países como Argelia, Palestina, Italia o Marruecos, esos artistas que encuentran en festivales como el de Tétouan, el lugar idóneo para hacerse oír.

Me llevo una gran seguridad, y es que volveré el año que viene para seguir disfrutando de este oxígeno cinematográfico que embadurna la hermosa ciudad de Tétouan, la paloma blanca del norte, la paloma blanca del cine.

***

Desde Potemkin quiero agradecer a personas como Rachid Barhoun, Nourddine Bendriss, Abdelmounim ElAmrani, Mariam Jebbour, Nazha Najda, Said Jebbour y Fátima Cruz por haberme ofrecido la posibilidad de haber asistido a este evento, y sobre todo por hacer que lo haya vivido de tan bella forma y puramente cinematográfica; gracias a todos.

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