Crítica cinematográfica del film «Le llamaban Jeeg Robot» (2015) de Gabriele Mainetti. Publicada en El Cine en la Sombra.
Esta es una gran pregunta que se plantea en algún momento de la película. Un héroe es… alguien dotado de un poder sobrenatural (o no) que se entrega a una buena causa, un héroe es… alguien que vive por y para los demás sin mirarse a sí mismo, un héroe es… alguien que hace el bien si esperar nada a cambio, y un largo etcétera más. Pues nuestro protagonista, Enzo Ceccotti, un ladrón de poca monta es la antítesis del héroe.
“Le llamaban Jeeg Robot” (2015) de Gabriele Mainetti posee todos los ingredientes para ser un relato interesante. Tenemos una princesa, un villano y un héroe; pero ninguno de ellos coincide con nuestro imaginario común y esto le da a este film italiano un motivo más para ir al cine a verlo. Bien es verdad que la estructura del guión y sus elementos narrativos no son ninguna novedad; posee una estructura en tres actos bien delimitados por sus puntos de giro, y unos personajes arquetípicos más que vistos a lo largo de la historia del cine. Pero lo dicho, todos estos elementos “tradicionales” vienen envueltos con un aire de frescura que le han brindado a este film el premio a Mejor Película en nuestro Festival de Sitges 2016 (Sección Órbita) y siete Premios Donatello, entre ellos mejor director novel, mejor actor y mejor actriz.
Yendo a elementos más técnicos, el film destaca por una estética tipo cómic (nos recuerda un poco a “Watchmen” (2009)), con una fotografía contrastada y un poco oscura. El sonido también merece una mención especial, ya que trabaja a favor de la narrativa y no sólo se conforma con ser efectista.
En definitiva, “Lo chiamavano Jeeg Robot” nos demuestra que el cine europeo es valiente (ya que este tipo de films era más feudo del imperio estadounidense) y capaz de adaptarse a los nuevos espectadores, sin dejar de lado algo donde ha sido siempre el rey, el relato; y Mainetti nos regala con esta cinta la posibilidad de reafirmarnos en esto, con perlas como un notorio arco de transformación del personaje principal.
Crítica cinematográfica del film «La noche americana» (1973) de François Truffaut.
Para muchos el cine es algo como inalcanzable, algo místico que sólo los grandes saben hacer; cuando vemos un film que nos gusta nos parece traído de otro planeta, y en cierta manera estamos en lo cierto. El icono de la Nouvelle Vague y uno de los directores franceses más aclamados de la segunda mitad del siglo XX, François Truffaut, nos muestra las tripas del proceso creativo de un film; nos desvela que una película está creada por personas, humanos en todo el sentido de la palabra, gente que siente y padece, gente que a veces es triste y a veces feliz, a ratos afortunada y a ratos desafortunada; a los más soñadores nos hace aterrizar en la Tierra y ver el cine tal y como es. “La nuit américaine” (1973) de Truffaut no es más que una manifestación del amor que siente su director por el cine, una muestra más de que el parisino es el cinéfilo perfecto, el que se crió viendo cine y el que maduró y envejeció haciendo cine. Se declara el amor de este cineasta por esta manifestación artística y nos la hace sentir, viendo “La noche americana” amamos el cine casi de la misma manera que Truffaut lo ama.
En tono de comedia vemos en este film la historia del rodaje de la película ficticia “Je vous présente Pamela” (Os presento a Pamela), dirigida por el aclamado director Ferrand (interpretado por el propio Truffaut) famoso por su paciencia y su sordera; todo el equipo se encuentra en el célebre estudio de La Victorine (grandes cineastas realizaron parte de su obra en este sitio : Sacha Guitry, Jean Cocteau, George Cukor, Claude Chabrol, y por supuesto Truffaut entre otros), situado en la ciudad costera de Niza al sur de Francia. Durante el rodaje las relaciones amorosas y de odio que ocurren en el guión se mezclan con las que se dan entre los miembros del equipo técnico y artístico. Los baches no paran de llegar durante la producción: el actor Alexandre (Jean-Pierre Aumont) fallece casi al final del rodaje; el intérprete Alphonse (Jean-Pierre Léaud) decide abandonar al equipo porque se novia Liliane (Dani) le abandonó por el especialista; el rodaje tiene que acabarse en menos tiempo de lo previsto; parón eléctrico durante el revelado de la película con una escena en la que participaron muchos figurantes, por lo tanto hay que repetirla; etc. Pero aún así gracias al saber hacer de Ferrand, su paciencia y su capacidad de improvisación, el acorazado “Je vous présente Pamela” llega a buen puerto. En varios momentos del film oímos la voz de Truffaut a modo de narrador, contándonos lo que es ser director de cine, esta voz over nos recuerda más bien al comentario del director puesto como pista de audio en un DVD.
Y para finalizar bien, de izquierda a derecha: Joelle (ayudante de dirección), Ferrand (director), Walter (director de fotografía) y el operador de cámara.
En esta película Truffaut ahonda en el espíritu de casi todas las personas que trabajan en una producción cinematográfica, desde la maquilladora hasta la script, pasando por los actores, el productor y el director. Y sobre éste último es en el que Truffaut hace una gran labor divulgativa; sirviéndose de una mirada introspectiva para desvelar el verdadero espíritu de un director, teniendo de modelo a Ferrand, que podríamos definirle como el director perfecto, y seguramente el tipo de cineasta que Truffaut quisiera ser. Éste es alguien que escucha a todos: actores principales, atrezzistas, regidores, prensa, etc; en el film François define a un director como alguien al que no se le para de hacer preguntas, y que muchas veces conoce la respuesta y otras, profanando esa visión que tiene el público de un Director-Dios, desconoce la réplica. Ferrand buen director, pero un director como miedos (como cualquier otra persona), que sabe esconderlos para no desatar el caos dentro del equipo, pero que cada noche cuando duerme sueña con esas preguntas que todo el mundo le hace y con la dificultades que se presentan en el rodaje; hasta tiene un sueño recurrente de un niño en imágenes en blanco y negro, recordándonos un poco a “Los cuatrocientos golpes” (1959), de esto hablaremos más tarde. Con este cineasta diegético, tenemos plasmado en imágenes la figura del director perfecto según Truffaut, seguramente como querría verse a sí mismo. Ferrand se haya acompañado de su ayudante de dirección y mano derecha, Joelle, que gracias a su talento el rodaje se ha visto salvado en más de una ocasión. La que fue una diva en antaño y una de la actrices principales de “Je vous présente Pamela”, Severine (Valentina Cortese), presenta una adicción grave al alcohol que interfiere gravemente en su labor interpretativa y estado emocional; haciéndonos así un guiño a todas esas personas a las cuales el éxito les jugó una mala pasada.
A nivel técnico este film presenta una dificultad muy evidente: a la hora de realizarlo, se ha llevado a cabo dos rodajes, uno en la ficción y otro real. Esto implica una labor de dirección que no está al alcance de todos y también exige tener las ideas muy claras y saber lo que se quiere en cada momento; ya que coordinar un equipo tan grande, a nivel artístico (podemos considerar este film una película coral) y técnico, requiere mucho talento y una buena organización para evitar los mismos baches que vemos en la trama de “La nuit américaine”. Siguiendo en la línea técnica, vemos a nivel de montaje unos cortes que son usuales en el cine pero que se reiteran con frecuencia, como los fundidos a negro o los encadenados; también se ven otros procedimientos como las sobreimpresiones, que se dan cuando se muestra a Ferrand durmiendo.
Un fotograma de la escena del sueño de Ferrand, donde el niño roba fotocromos de Ciudadano Kane
Hay una cosa que me marcó mucho de esta obra, y son las referencias, el film está plagado de ellas, las vemos en todas partes. Vemos guiños dirigidos a Lubitsch, Buñuel, Ingmar Bergman, Godard, Hitchcock, Roberto Rossellini, Howard Hawks, Bresson, “El Padrino” de Francis Ford Coppola (casi recién estrenado por aquel entonces), Jean Vigo, Jean Cocteau, etc; esto es una manifestación muy evidente del amor puro que siente François Truffaut por el cine, un reflejo de esa infancia y adolescencia pasada en las salas de proyección. Existe hasta una autoreferencia, pero lo curioso es que es predicadora, en algún momento del film Ferrand dice : “Un día haré una película y la llamaré Las ensaladas del amor”; en 1978 sale la quinta y última entrega de la saga de Antoine Doinel: “L’amour en fuite” (“El amor en fuga”), donde el protagonista escribe un libro que se titula “Les salades de l’amour” (Las ensaladas del amor). Otra autoreferencia sería la del personaje Alphonse (interpretado por Jean-Pierre Léaud), cuyo nombre es el mismo que el del hijo del personaje Antoine Doinel (protagonista de cinco películas de François Truffaut). Y para cerrar el apartado de las referencias, aquí tenemos otro film donde se vuelve a hacer alusión a la infancia del director parisino, los sueños que atormentan a Ferrand (que antes hemos mencionado) nos muestran a un niño que se acerca en mitad de la noche a una sala de cine que está cerrada, éste con un bastón consigue acercar a través de las rejas una especia de soporte con ruedas lleno de fotocromos de la película “Ciudadano Kane”(1941) de Orson Welles, una figura claramente admirada por Truffaut; ésta es la forma que tiene él de compartir ese amor por el séptimo arte con nosotros los espectadores.
En estas dos imágenes vemos los dos falseamientos: el del balcón y el de la vela (ésta alumbra el rostro de Julie)
En “La nuit americaine” se muestra como se falsean muchos elementos durante el rodaje, pero que en las imágenes fílmicas aparece como real; esto se suma a lo que se dijo en el primer párrafo respecto a la desmitificación del cine. Algunas de las cosas que se ven son: una vela con un bombilla incrustada que ilumina al personaje de Julie Baker cuando la sujeta, pero que en cámara no se ve; hay una escena en la que Alphonse va caminando de frente mientras se hace un travelling, la cámara es arrastrada hacia atrás mientras éste camina hacia ella levantando los pies de tal forma
que evita tropezarse con las traviesas del raíl; también se nos muestra una falsa lluvia, que no es más que un tubo de metal con orificios que se coloca en la parte superior de los decorados y va
saliendo agua por los agujeros; al principio del tercer tercio del film se ve un falso balcón puesto en altura en el que sólo se ve la estructura de este, no existe una habitación detrás. De hecho, hasta el propio título del film alude a una técnica que falsea la realidad, el procedimiento de “la noche
americana” no es más que un filtro que se coloca en la parte delantera de la cámara y se subexpone la imagen (generalmente cerrando el diafragma), para simular la noche en un rodaje a plena luz del día. Todo esto que acabo de contar pone acento a esa verdad que muchos cineastas y cinéfilos nos cuesta admitir, el cine es una gran mentira, todo lo que vemos en las películas no es más que una recreación de la vida real y por lo tanto, es una mentira; hasta la imagen que vemos es falacia, ante nuestros ojos vemos movimiento, pero lo que en realidad contemplamos son imágenes estáticas puestas unas tras otras, y sucedidas a gran velocidad.
Casi al final del film, la voz en over de Truffaut nos deslumbra diciendo: “Desde que empecé a hacer cine, siempre temí a la muerte de un actor, al mismo tiempo que Alexandre, toda una época del cine desaparece, abandonaremos los estudios para rodar en las calles, sin estrellas y sin guión, no haremos más películas como “Os presento a Pamela” “. Esto es una alusión muy clara a la Nouvelle Vague (nueva ola) y una crítica al cine francés que se hacía antes de este, el cinéma de la qualité (el cine de la calidad). Tras esta declaración, Truffaut retrocede unos 15 años, cuando él y sus compañeros Godard y Chabrol entre otros, decidieron hacer un cine diferente, más personal, más humano, y más cercano a los espectadores.
A modo de conclusión, cito una vez más otro comentario que nos deja Truffaut en su voz en over, que parece más la voz de un Director-Dios (el cineasta que François le gustaría ser) que la de un narrador corriente : “El rodaje de un film se asemeja exactamente al trayecto de una diligencia en una película del lejano oeste, primero esperamos hacer un buen viaje, y después rápidamente nos preguntamos si llegaremos a nuestro destino”. Y esta es otra pincelada más de lo que es realmente ser un director de cine; viendo “La noche americana” conocemos el séptimo arte desde una perspectiva desmitificada, conocemos el cine tal y como es, algo mágico.
Publicado originalmente en la Revista Potemkin, 11 de marzo de 2016.
Mustang, prometedora coproducción entre Francia, Turquía y Alemania, llega hoy a nuestras salas tras haberse estrenado en Francia nueve meses antes (¿por qué siempre llegan tan tarde las películas a España?). Film nominado pero no ganador al Oscar como Mejor película de habla no inglesa, ganadora de un Goya a Mejor película europea, y vencedora también en los Premios Lumière y Lux. Opera prima de su directora Deniz Gamze Ergüven, Mustang nos muestra el lado más conservador y tradicional de Turquía, en oposición a la supuesta modernidad y “occidentalidad” que la nación otomana luce hoy en día.
Cuando las alas de la libertad son cortadas de cuajo, lo que antes marchaba de forma correcta y a buen ritmo ahora se ve inducido en una espiral sin salida. Entonces aparece el miedo, la aceptación y la oscuridad; sólo si uno posee un espíritu fuerte y con determinación, este destino puede cambiar su rumbo.
Drama rodado con momentos de alegría, libertad y surrealismo; historia con subcontexto político (el parecido entre el actual presidente turco Erdogan y el tío de las hermanas es más que evidente), con metáforas sutiles y brillantes como cuando llega la prohibición a casa: vemos a una de las hermanas esconder una imagen con la famosa obra del pintor Eugène Delacroix La libertad guiando el pueblo (1830), se puede entender que esto se da porque vemos un seno desnudo en el afiche, pero el subtexto va más allá.
Estamos ante una película que se debe ver, pero que tampoco entrará con fuerza a la historia del cine. Estamos ante una directora con un talento que no ha salido en su totalidad a flote, y que necesita de más tiempo y más films para afinar sus dotes cinematográficas.
Mustang de Deniz Gamze Ergüven, se estrena hoy viernes 11 de marzo, ¡no se la pierdan!
Publicado originalmente en la Revista Potemkin (número 4), 7 de octubre de 2015.
La historia continúa tras 19 años de estancamiento.
Sin lugar a dudas era el evento anime (versiones animadas de los mangas) del año, en Japón era casi un evento nacional, en todo el planeta se esperaba su regreso y finalmente el 5 de julio a las 9 horas de la mañana apareció en el canal Fuji Tv (horario japonés) Dragon Ball Super, la secuela que sigue a Dragon Ball Z. El relato comienza pocos meses después de la victoria sobre Majin Boo, y esta vez parece que el peligro que acecha a la Tierra es aún mayor. Nuestro enemigo es esta vez nada más ni nada menos que el Dios de la destrucción Beerus, el cual ante su presencia hasta el orgulloso Vegeta esconde el rabo entre las piernas. Esta es la segunda vez que se propone una continuación a la historia que concluye en Dragon Ball Z (de ahora en adelante DBZ), la primera fue Dragon Ball GT que no llegó a convencer y que ahora queda fuera de la cronología oficial, pero ese anime no contó con el ingenio y la imaginación de Akira Toriyama (autor del universo Dragón Ball), sin embargo Dragon Ball Super (a partir de ahora DBS) sí, y este era el hecho que mantuvo a los seguidores de Goku antes del estreno con esperanza e ilusión.
Tras aparecer por la pequeña pantalla el público no parece satisfecho, es más, se muestra indignado ante esta nueva entrega, se llegó hasta el extremo de realizar una recogida de firmas para protestar contra la mala calidad de los dibujos. Después de haberse emitido algunos episodios, los foros y las redes sociales fueron el escenario donde se dio lugar el masivo descontento, tanto en Japón como en el resto del globo, y siendo sincero, razones había para estarlo. DBS supuso una bajada considerable en el nivel del anime en muchos aspectos; en este artículo analizaremos el por qué de este desagrado, y si existen posibilidades de que mejore el rumbo de esta nueva serie.
Lo primero de todo es ver el motivo de este supuesto fracaso, y podemos encontrar algunos cuantos. Primero, la baja calidad de los dibujos; desde el primero episodio se podía entrever un escaso esmero por lograr un buen resultado, pero aparecido el quinto episodio, el drama era aún más horrible, Goku parecía diseñado por un niño de nueve años; esto generó una ola de protestas por internet, hasta los internautas subían a las redes esbozos del saiyan realizados con el software Paint; otra cosa que no gustó es que Vegeta en un momento mientras intentaba luchar contra Beerus, aparece con dos manos izquierdas, con los pulgares girados hacia la derecha. Esto se podría explicar, aunque con un anime del calibre de Dragon Ball no hay peros que valgan, con la crisis de los estudios de animación en Japón, gran parte de los animadores son freelance y subsisten con bajos sueldos; pero claro, esto es mera suposición. Se puede decir que mejoraron los dibujos tras la ola de protestas, pero siguen sin estar a la altura.
Otra razón que provoca este disgusto colectivo y esta me parece aún más grave que la anterior es: el argumento de esta primera saga es casi el mismo que la película Dragon Ball Z: La batalla de los Dioses, y el de la segunda será casi igual que el film Dragon Ball Z: La resurrección de Freezer. Esto me hace pensar dos cosas: o bien al señor Toriyama se le acabaron las cartas y su imaginación que tanto cautivo antaño ahora está más que gastada, o bien y espero que así sea, está allanando el terreno y preparando el relato para algo más original y emocionante. Todos los fanes de las aventuras de Goku, y aquí me incluyo yo, tenemos una especie de fe ciega en Akira, y sabemos que no es propio de él que las cosas se den así, es por eso que mantenemos siempre la esperanza. Sin salirnos de este tema, a los largo de estos primeros capítulos, hemos visto que se estira la historia más de la cuenta, cosas que se cuentan en 3 episodios se podrían hacer en uno; aunque esto ya se vio en alguna que otra ocasión en DBZ y es una práctica bastante común en los animes.
Existen algunas diferencia entre Dragon Ball Super y Dragon Ball Z, lo cual en algunos aspectos está bien pero en otros no tanto. Hay un hecho que me desconcierta pero que tampoco me molesta del todo, vemos por primera vez a Vegeta humillado y con su dignidad por los suelos, y esto choca ya que este es uno de los personajes con más orgullo y mal genio de la serie; también vemos a este pasar miedo, pero un miedo tan verdadero que hasta lo podemos casi sentir en primera persona; y asimismo presenciamos me atrevería a decir por primera vez, una muestra de cariño por parte de Vegeta hacia su mujer Bulma, es cuando esta le propina una bofetada a Beerus y este se la devuelve aún más fuerte, esto dispara la furia del príncipe de los Saiyans y le hace atacar con todas sus fuerzas, en vano. Esto en verdad me gusta porque supone una vuelta de tuerca, un esfuerzo por darle más profundidad a los personajes, que nunca está de más. Otra diferencia entre estos animes es que en DBS el enemigo aparece demasiado temprano, lo vemos en los primeros episodios y esto hace que la primera saga dure once o doce capítulos; esta tendencia puede funcionar si a partir de ahora la segunda y las siguientes sagas duren más, si no no dudo de que hagan otra recogida de firmas.
Una tendencia que comenzó en Dragon Ball Z y que ahora se está exagerando mucho es que, los adversarios son cada vez más y más fuertes y también Goku, entonces yo me pregunto ¿hasta donde vamos a llegar? Y en consecuencia de esto los guerreros terrícolas como Yamcha, Krillin o Ten Shin Han se quedan al final de la cola, y ahora en DBS parece que el namekiano Piccolo también, y me da a mi que Vegeta y Gohan están entrando a esta lista poco o poco, lo cual me da mucha pena. Tirando de este hilo, otro hecho que no para de sorprenderme es que, se sigue ampliando la paleta de las divinidades, no sólo tenemos a un Dios de la destrucción, sino que hasta el propio Goku se convierte en un Dios, el Super Saiyajin God; no habíamos visto tantas deidades desde la Grecia y la Roma clásicas.
Deseo finalizar este texto con una conclusión, a pesar de haber escrito todo esto pienso que aún es temprano para juzgar la serie en su totalidad, es cierto que podía haber comenzado con mejor pie, pero esa fe ciega en Toriyama de la que les hablé antes me hace pensar que Dragon Ball Super todavía no ha mostrado su verdadero potencial; así que seamos pacientes y esperemos a ver como se desarrolla el anime. Porque si la mente de Akira pudo crear Dragon Ball y Dragon Ball Z, no dudo en que hará de Dragon Ball Super una serie que se quede grabada en nuestras memorias para siempre.
Publicado originalmente en la Revista Potemkin, 26 de septiembre de 2015.
Esta historia transforma la vida de Jimmy MacDonald, pero lo cierto es que le podría haber pasado a cualquier ciudadano estadounidense de la época (décadas 30 – 40 del s. XX), y me atrevería a decir, y hasta hoy en día. Después del éxito de El gran McGinty (1940), Preston Sturges vuelve a demostrar su talento para la comedia, y subraya la figura del director-escritor (o director-guionista).
Navidades en Julio (1940) nos habla principalmente de la felicidad como consecuencia del dinero, el éxito ligado al dinero, siendo este uno de los pilares temáticos de la filmografía de Sturges. Tirando de este hilo, encontramos otros subtemas ligados al primero, como la falsa adulación de la gente hacia alguien que triunfa. Sturges también nos habla de esos cambios radicales que se dan en la vida de uno y transforman el rumbo de las cosas para siempre: sin haberlo previsto la existencia de Jimmy MacDonald permuta por completo con su “victoria” en el concurso de eslóganes de la gran empresa cafetera Maxford. Sin salirnos de este tema, nos encontramos con una perlita hacia la mitad de la película, Jimmy habla de esa mágica “sensación” de cuando le cambia la vida a uno de forma tan repentina, y es lo que nos muestra Sturges en casi la totalidad del film, el inesperado sueño que están viviendo el protagonista y su pareja (ver la imagen del principio).
Uno de los aciertos más grandes de Navidades en Julio es la evolución que vive el personaje principal, el Jimmy MacDonald soñador que vemos al comienzo de esta obra, no es el mismo que aparece al final; la experiencia que sufre le hace posar los pies en la Tierra y madurar. Este arco de transformación del protagonista desvela el gran talento de Sturges para la escritura de guiones.
Preston realizó el mejor cine que podía haber hecho en la época en la que desarrolló su obra, durante la Segunda Guerra Mundial y su posguerra; la comedia era muy necesaria en aquellos tiempos y este la ejercía con tanta maestría que se permitía el lujo, tal y como lo hace en Navidades en Julio, de hacer guiños a personajes históricos como Hitler o Mussolini en plena Guerra Mundial. Y es que aunque disfrazado en tono de comedia, de lo que realmente nos habla Sturges en sus películas es de lo simple y básica que es la mentalidad del ciudadano estadounidense, vigente hasta hoy en día.