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  • Viaje introspectivo a través del dolor.

    Viaje introspectivo a través del dolor.

    Crítica cinematográfica del film documental “Alberto García-Alix. La línea de sombra” (2017) de Nicolás Combarro. Publicada primero en El Cine en la Sombra.

    “La línea de sombra” es el documental hecho obra de arte, documental que se beneficia de toda la artillería de la narrativa del cine de ficción; es un recorrido por la vida del reconocido fotógrafo español Alberto García-Alix. En primera persona, este nos cuenta desde cómo comenzó su interés por la fotografía hasta el presente, pasando por amores fugaces, fiestas, pérdidas de seres cercanos, épocas oscuras y épocas de prosperidad; un camino con más sombras que luces pero que nos muestra a un García-Alix fuerte y tenaz. Dirigido con maestría por el novel Nicolás Combarro, “La línea de sombra” es una viaje introspectivo a través del dolor (con algunos retazos de luz), donde al igual que sus fotografías, este documental es un paseo a través de la vida del fotógrafo español.

    Esta obra bien puede ser considerada documental o video arte; la narración no se da de forma lineal, si no que vemos por un lado un encuentro cara a cara con Alix y por otro, le vemos en mitad de sesiones fotográficas en sitios tan remotos como Valparaíso. El cara a cara con Alix es duro, tanto como su voz o como el blanco y negro de sus fotografías; de su boca sale dolor, aún cuando evoca recuerdos agradables, estos yacen bajo la sombra de las drogas y una vida llevada al límite. “La línea de sombra” es también la voz de una generación, una generación que comenzó a germinar pocos años antes de la movida madrileña y que explosionó con la llegada de esta, una generación fiel a sus fuertes raíces que resiste el peso de las décadas.

    Vemos a un Alix sincero, un Alix desnudo, un Alix herido. La fotografía se nos presenta como medio para atrapar el presente y conservarlo para la posteridad, como si fuera una cicatriz o un tatuaje. Alix nos mira a los ojos y nos cuenta que existen situaciones que son imposibles de fotografiar, pero que permanecen en la memoria con más fuerza que una fotografía. Todos tenemos limitaciones, y este es el suyo como fotógrafo.

    García-Alix, tal y como se ha mencionado anteriormente, es un hombre fiel a sus raíces. Desde que comenzó su carrera hasta hoy en día sigue usando sus viejas cámaras analógicas, y tenemos ocasión de ver en este documental su método de trabajo. Cuando está con la cámara es un hombre que sabe lo que quiere, no descansa hasta alcanzar el resultado que desea. Pero también vemos fotos desenfocadas, movidas y mal compuestas, pero precisamente estás son las que mejor reflejan el estado de ánimo de este artista en el momento de tomar esa foto. Abundan los autorretratos, cada uno tan diferente del otro, por ejemplo: compartiendo una noche italiana con dos travestis, un paseo en moto, un Alix lleno de heridas tras una pelea con un grupo fascista o la fotografía de un preservativo usado. Todas estas imágenes están impregnadas de recuerdos y esto confirma el hecho de que la fotografía es el mejor medio para atrapar el presente y convertirlo en reminiscencia, Alberto García-Alix lo corrobora.

    Fotografía en blanco y negro del rodaje de La línea de sombra: un hombre sin camiseta, de espaldas, extiende la mano hacia otro hombre con barba que sostiene una cámara de medio formato sobre un trípode; en primer plano, parte de otra persona con jersey de rayas.

    Al principio de esta crítica se hizo alusión al buen uso de la narrativa del cine de ficción. La dirección de fotografía (Miguel Ángel Delgado) es simplemente maravillosa, no por el efecto que consigue, si no también porque se funde con el relato. Salvo una escena en un cuarto oscuro (mientras Alix revela unas fotografías) el resto del documental está en blanco y negro; un monocromo especial muy parecido al de las fotografías de García-Alix. También tenemos tomas aéreas y steady cam, técnicas más propias del cine que del documental. La mezcla de sonido (Pepe Pleguezuelos) y el montaje (Juan Ugarriza y Miguel Ángel Delgado) son otros dos aspectos a destacar.

    Las motos, las chicas, las jeringuillas compartidas, las chupas de cuero, Madrid, las fiestas, los tejados de París, su vieja Leica, su cáncer en las cuerdas vocales, su hermano Willy, Curra, los apartamentos destartalados, su Hasselblad, las pensiones baratas con cuadros de caballos galopando, sus tatuajes, su tratamiento con interferon, sus largos paseos por París huyendo de los fantasmas, sus primeras pesetas ganadas gracias a la fotografía, Pekín, la movida madrileña y la ventana circular del tanatorio. Todo esto y más cabe en “La línea de sombra”.


  • El hombre semilla. Las mujeres al poder.

    El hombre semilla. Las mujeres al poder.

    Crítica cinematográfica del film “Le semeur” (2017) de Marine Francen. Publicada primero en El Cine en la Sombra.

    Cuando cualquier retazo de esperanza se desmorona, las medidas que hay que tomar son drásticas. Marine Francen se inicia en el mundo de la dirección cinematográfica con “Le semeur”, drama ambientado en la campiña francesa en una época donde Louis Napoleon Bonaparte se autoproclamó emperador de Francia. Todos los hombres del pueblo de Violette son llevados a la fuerza por el soberano, quedándose solas las mujeres. Éstas tras aguantar varios meses en este aislamiento siendo más que autosuficientes, sus deseos y necesidades más carnales y primarias comienzan a hacer mella, y esto les lleva a hacer una promesa colectiva muy peculiar.

    “Le semeur” ópera prima de Marine Francen se estrena en el marco de “Nuev@s director@s” de la sexagésimo quinta edición del Festival de San Sebastián (2017). Francen ejerció en otras ocasiones como asistente de Michael Haneke y Olivier Assayas; y esta obra está basada en un relato corto titulado “L’homme semence” (El hombre semilla) escrita en 1919. Aunque haya dudas sobre su autoría, todos los dedos apuntan a Violette Ailhaud como autora del libro, y este es precisamente el nombre de la protagonista de nuestro film.

    Tras la dura represión contra los republicanos, en este pueblo de montaña los relojes se paran; y esto da lugar para que Marine Francen nos hable de varios temas ocultos entre líneas. El que más destacaría es la autosuficiencia de las mujeres, que al estar sin hombres (recordemos que el film está ambientado en un medio rural durante la segunda mitad del siglo XIX.) el pueblo sigue su curso y la buena organización entre ellas permite que se realice la cosecha, que las actividades ganaderas continúen y que cualquier problema sea solucionado, como una fuga de agua en el granero tras una lluvia torrencial. Pero en esta sociedad matriarcal también cabe lugar la desesperación, las jóvenes doncellas en edad de casarse (y las casadas pero todavía jóvenes) comienzan a echar en falta la presencia de un hombre que satisfaga sus deseos sexuales, y en este clima de necesidad y añoranza, se hacen la promesa de que cualquier hombre que pase por el pueblo, aunque fuese sólo uno, sería compartido entre todas.

    Aparece Jean y se desatan las pasiones. Violette que es la encargada de darle aposento y comida, acaba más cerca de él de lo que pensaba y aquella promesa entre chicas le lleva a nuestra protagonista a dar el paso que no quiere. También podemos constatar entre líneas otro tema que es la maduración, tras la presión que sufre Violette por parte de las otras chicas, ésta se ve obligada a sacrificarse, tomando decisiones que no quiere y negando ciertas cosas. Al final del film la Violette que vemos no es la misma que la del principio; trazándose así un arco de transformación del personaje, no es muy notorio, pero sí evidente.

    Cartel de Le Semeur: una joven de perfil en primer plano y, detrás y desenfocado, un hombre con barba.

    Otro aspecto destacable es la pasión por la lectura, bien que en todo el film los únicos que saben leer son Violette y Jean, Francen a la manera de François Truffaut, nos cita pasajes y nombres célebres de la literatura francesa, como bien pueden ser Victor Hugo o Voltaire. Para nuestros dos protagonistas la lectura es más que el simple hecho de leer, es una forma de evadirse. En “Le semeur” un tesoro y un libro están al mismo nivel, y para ello tenemos la figura del padre de Violette, aunque ausente en todo el film como lo son el resto de hombres de este pueblo de montaña. Entre líneas vemos también el alto grado de analfabetismo presente en el medio rural francés durante el siglo XIX.

    A nivel técnico lo que más destaca (y de esto podemos darnos cuenta desde el primer fotograma) es la relación de aspecto, un 4/3 casi extinto en el cine actual. La fotografía es suave y algo dorada, aquellos fotogramas muestran sendos campos de trigo que nos recuerdan a algún cuadro de Van Gogh (como “Campo de trigo con segador a la salida del Sol” 1889).

    El guión y el tema de la película son interesantes, pero uno se queda con la impresión de que se podía haber exprimido más estos elementos. “Le semeur” no es un film que destaque, pero tiene un potencial bastante grande, y quizás si se hubiese realizado de otra manera hubiésemos tenido una Ópera Prima del nivel de “Les 400 Coups”.


  • La casa del virrey, más allá de la historia

    La casa del virrey, más allá de la historia

    Crítica cinematográfica del film “El último virrey de la India” (2017) de Gurinder Chadha. Publicada primero en El Cine en la Sombra.

    Tenemos ante nosotros uno de esos films que no podemos borrar de nuestra mente, una de esas historias épicas contadas con maestría al estilo del cine clásico de la segunda mitad del siglo XX. Llega “El último virrey de la India” (Viceroy’s house) a nuestras salas de la mano de la británica de origen indio Gurinder Chadha, un drama con tinte histórico que deja un poco de espacio a la comedia y al buen humor. Un film con ambientación exótica, donde su contexto se desarrolla en los últimos días del imperio Británico en la India aunque la tesis del relato camina por otra parte.

    En “El último virrey de la India” existe una visión particular sobre los sucesos que acompañaron la independencia de la India y la creación del estado de Pakistán en 1947. Esta cinta comienza con la cita: “La historia la escriben los vencedores”, y esto nos ayuda a entender cuál es el camino escogido por Chadha. Pero sería muy “simple” (concepto muy diferente de “sencillo”) y muy visto realizar una película que trate sobre la independencia de la India y los últimos días del imperio Británico en el Indostán. “El último virrey de la India” introduce una visión particular sobre el tema, y el punto de vista es más social que político; y no sólo es esto, sino que la directora se vale de las ventajas del lenguaje cinematográfico para sacarle más jugo a este relato, con varias tramas e historias que se desarrollan a la vez, punto fuerte de esta obra; al igual que guiños que nos recuerdan a fugaces romances silenciados por la historia. Vamos por partes.

    Para cualquier persona que desconoce el contexto y las circunstancias que acompañaron la creación del estado de la India (digo “estado” porque como nación existe bien antes de la llegada de los británicos) y Pakistán, este film resulta una buena ocasión para estar al día. Pero dejando esto de lado, podemos apreciar el denominador común presente en casi todas las grandes decisiones políticas, que son los intereses económicos; las personas, sus sueños y sus lazos familiares y sentimentales quedan sepultados bajo el poder del dinero. Pero Chadha no quiere contarnos esto, porque esto es algo que todos conocemos; los que más sufren cuando importantes decisiones se toman arriba son los que están abajo, y la “Partición de la India” (o “Partición de la gente” como bien diría Gurinder) fue una decisión política que afectó a más de 15 millones de personas, fomentando el odio entre culturas hermanas y creando una de las crisis de refugiados más grande de la historia de la humanidad.

    Fotograma de El último virrey de la India: un niño sentado entre piedras, con las manos en la cabeza, delante de un campamento de refugiados entre el humo.

    Y es aquí donde Chadha pone el foco, en el sufrimiento de la gente; lo muestra a nivel general, en el caos que se forma y los desplazamientos y separaciones que se dan lugar. Pero donde mejor lo vemos es en el amor imposible entre Jeet, un joven hindú, y Aalia una musulmana que se ve obligada a irse a Pakistán y casarse con un musulmán que ya no ama. Y este difícil romance es la carta que usa la directora para hacernos empatizar y entender el dolor que causó tal separación, que el “divide y vencerás” no siempre es la mejor solución.

    A pesar de los hechos, esta no es una película que pretende desacreditar al imperio Británico – aunque sí muestra su nefasta administración en sus últimos días en la India, y se menciona que los tres siglos pasados en este país han hecho más daño que otra cosa – ni elogiar en exceso al pueblo indio (no, para esto existen otras películas), si no las consecuencias que sufren y gozan las personas cuando se toman grandes decisiones en un despacho, da igual del bando que sean.

    Jeet y Aalia, muy juntos entre los árboles, en un fotograma de El último virrey de la India.

    En el plano técnico tenemos un film que no destaca en ningún aspecto en concreto. Una fotografía colorida con sabor hindú que se distingue por el uso inteligente del fotoquímico; “El último virrey de la India” ha sido rodada en película analógica (algo que cada vez vemos menos), en 35mm y a color en casi todo el relato, salvo “imágenes de archivo” que no son de archivo porque se rodaron específicamente para este film, en blanco y negro y a 16mm para dar ese look de noticiero informativo de la época. Un montaje normal y corriente, y una correcta banda sonora con sonidos nativos. A grosso modo, podemos afirmar que la parte técnica tiene un aspecto muy “académico”, sin grandes pretensiones narrativas especiales.

    En definitiva, tenemos la suerte de detentar en nuestras salas un film hecho a la manera de las grandes epopeyas del cine de los 80, una perla que vemos muy de vez en cuando. Una cinta basada en hechos reales (con muchos aspectos dramatizados, por supuesto), una lección de historia y una llamada a la reflexión. “El último virrey de la India” es una apuesta acertada si uno desea ir al cine y sentirse involucrado en un gran momento de nuestra historia contemporánea, pintada con vivos colores que nos evocan a una India exótica pero a la vez cercana.


  • Fórmula para romper la rutina

    Fórmula para romper la rutina

    Crítica cinematográfica del film “Asuntos de familia” (2016) de Maha Haj. Publicada primero en El Cine en la Sombra.

    Llega a España un film poco usual. Una historia que se desarrolla al otro lado del Mediterráneo, concretamente entre Israel y Cisjordania. “Asuntos de
    familia” (2016) llega a nuestras salas después de haber pasado por el Festival de Cannes, sección “Un certain regard» y el Seminci de Valladolid; una comedia con tono melodrámatico donde nos introduce en el universo personal de cada miembro de la familia protagonista, empatizando con cada uno de ellos, tanto que es imposible ser parcial cuando existe un conflicto familiar. “Personal Affairs” ópera prima de la israelo-palestina Maha Haj, es una obra que no profundiza en ningún tema transcendente; lo político, histórico y moral no es relevante, aunque sí se da alguna pincelada al respecto, hecho que es inevitable teniendo en cuenta la situación geográfica y política.

    Podemos afirmar que el film trata sobre la ruptura de la rutina y la llegada de aire fresco. Aunque se trate de una misma familia la tenemos dividida en varios frentes: primero, los padres (los personajes Saleh y Nabila) viven una aburrida vida en Nazaret, con las misma historia y los mismos problemas día tras día; Tareq uno de los hijos, quiere seguir viviendo su vida de soltero y no desea comprometerse con nada ni nadie; Maisa, intenta una y otra vez atraer el interés y la atención de este último, aunque siempre en vano; Hisham el otro hijo, lleva una vida solitaria y fría en Suecia; Samar, la hermana de Tareq y Hisham, a punto de dar a luz, parece que es la cabeza pensante de la familia; George, su marido, con un golpe de suerte pasa de ser un simple mecánico de coches palestino a un actor de Hollywood, aunque él lo que anhela realmente es otra cosa mucho más sencilla; y por último la abuela, que tras perder la cabeza y tener diabetes, su único deseo es comer galletas dulces y apartar los muebles del salón para poder contemplar las baldosas del suelo. Mediante unos cuantos hechos desencadenantes que ocurren casi todos al mismo tiempo, la vida de cada miembro de esta familia israelo-palestina cambia casi por completo.

    Fotograma de Asuntos de familia: un hombre vestido de negro y una mujer con vestido rojo bailan un tango en una habitación casi vacía, con dos sillas.

    En este primer largometraje de Maha Haj todo sucede bajo un clima político algo tenso; no es un tema que se trate directa y abiertamente, no, pero está allí implícito. Encontramos momentos, muy escasos, donde se hace alusión a la situación política, hechos que pasan desapercibidos pero que si se les da una segunda lectura nos damos cuenta del conflicto entre Israel y Palestina. No estoy hablando de los famosos check-points y la presencia de agentes aduaneros, no, eso es demasiado evidente, estoy hablando de momentos como el siguiente. Hay una escena donde Samar y su marido están en una consulta ginecológica con motivo de una ecografía; George, nervioso y cual niño empieza a toquetearlo todo, se levanta y pasea por la consulta, admirando las fotografías que hay colgadas en la pared, se detiene en una donde sale el médico en un playa y le pregunta a este que dónde se sacó esa foto, y él le contesta que en el sur de España y George estupefacto le responde algo parecido a “¡Qué suerte, pudo conseguir un permiso para salir!». Esto que puede parecer una conversación más dentro del film se traduce en las limitaciones que sufre un pueblo controlado por otro. Hasta la propia directora dijo en una entrevista respondiendo a la pregunta ¿Querías hacer una película política? “Metafóricamente hablando, sí. No tengo un enfoque directo. Juego con el contexto. De dónde vengo es imposible escapar de la política. Es una dura realidad que es descaradamente visible que te encuentras en cada esquina y en cada puesto de control. “

    Desplazándonos a la parte estrictamente técnica y estética, el film destaca por una fotografía cuidada y nada efectista. Las luces duras apenas aparecen y los colores son suaves y poco contrastados, lo que nos ofrece una experiencia visual agradable; y los más importante de todo, es que la fotografía va de la mano con la narrativa. La banda sonora es otro elemento interesante, bien seleccionada, combina sonidos autóctonos y latinos lo que hace que “Asuntos de familia” sea aún más interesante.

    En definitiva, “Omor shakhsiya” (título del film en árabe, literalmente significa “Asuntos personales”) nos acerca a una forma de hacer cine diferente pero que ha bebido mucho del séptimo arte europeo, vemos personajes con fondo y tratados con el savoir faire del viejo continente. Se nos abre ante nosotros un país con mucho potencial cinematográfico y que es la ventana de dos culturas muy diferentes entre sí pero terriblemente unidas. Asistimos a un film que nos quiere ofrecer una visión diferente de ese lugar, alejarse un poco del estereotipo israelo- palestino y demostrar al resto del mundo que, allí no es sólo represión y una existencia protagonizada por falta de libertades, sino que cada uno puede vivir feliz, con sus sueños, su familia, sus problemas y sus limitaciones, los hay quienes se conforman con esto, y los hay quienes prefieren irse a otro sitio mejor.


  • «Tu sombra» del artista dominicano Anthony Ocaña

    «Tu sombra» del artista dominicano Anthony Ocaña

    Después de mucho tiempo sin escribir en mi blog, vuelvo a las andadas y esta vez lo hago a lo grande. Hace casi dos años mi amigo Leandro Ventura me propuso participar como director de fotografía en un documental, originalmente se iba a llamar «Más allá de las olas y el sol del Caribe» y luego adoptó el título de «Más allá de las olas» a secas; esta obra consistía en una serie de entrevistas a personalidades (principalmente artistas) dominicanas residentes en España, contando su trayectoria profesional y personal, y naturalmente su añoranza por su tierra.

    Dentro del panteón se encontraba el músico Anthony Ocaña, tuve el placer de grabarle junto con Gustavo Pérez (un gran profesional del sector) por las calles de Madrid. Fuimos como no, a la plaza de Santo Domingo, a la Calle Preciados, luego a la Plaza del Callao, entre otros sitios. El tema «Tu sombra» lo grabamos en Estudios Infinity, y fue toda una experiencia.

    Técnicamente el material y la concepción fue muy sencilla, contábamos con dos DSLR Nikon y cuatro ópticas: dos viejas Nikkor de 50mm f/1,4, un 35mm f/1,4 (igual de antiguo que los anteriores y de la misma marca) y una Nikon 24-70 mm f/2,8; y a nivel de luz hemos usado la que había, aunque hemos contado con la ayuda de un reflector chino (bueno, bonito, barato) 5 en 1. Dos cámaras, un plano general sobre trípode y un primer plano/plano detalle que andaba libre y cámara en mano. Como puedes constatar el planteamiento es muy sencillo y el material accesible (quizás salvo por las lentes).

    El equipo del videoclip «Tu sombra», seis hombres sonrientes posando en Estudios Infinity, delante de una pared de piedra y listones de madera.

    Aquí te dejo una foto del equipo, donde estamos de izquierda a derecha: Boni Cantó, jefe de producción; Anthony Ocaña; un servidor; Leandro Ventura, director del vídeo musical; Gustavo Pérez, el otro director de fotografía; y Pedro Baselga de Estudios Infinity. En la foto falta nuestro montador Rubén Pascual, que en ese momento del proyecto no estaba dentro.

    Sin más dilación os dejo con el vídeo musical de «Tu sombra» del artista y amigo Anthony Ocaña, y dirigido por mi hermano Leandro Ventura. 🙂